Hélène y Blaise

El espíritu de amor de los Focolares de Murcia

Somos Hélène y Blaise, testigos del espíritu de amor de los Focolares, especialmente de las Familias Nuevas de Murcia, una de las provincias de España.

Hélène es de Burundi. Nacida en la colina (*) –Así se conocen "los barrios de los pueblos campesinos europeos"- de NYAMISAGARA. Blaise, también de Burundi, nació en la colina de Mudusi. Estamos casados y tenemos dos hijos, de seis y dos años. Llegamos a Murcia en noviembre de 2006 para hacer el tercer ciclo universitario, haciendo el doctorado en Ciencias de la Comunicación en la UCAM. Al llegar, Hélène que estaba embarazada dio a luz a nuestro segundo hijo, al mes de estar en Murcia.

 

 

 

 

Hélène y Blaise

Unos meses después de la llegada a Murcia, nuestros padres fallecieron. Uno en marzo, y otro en septiembre del año 2007. Dejamos a nuestra hija en Burundi, pensando en regresar pronto a nuestra tierra, pero en la Universidad nos informaron que no podíamos terminar el programa en tres años como estaba previsto; nuestra hija nos echaba de menos y nos reclamaba. Pero no pudimos atender su petición de regreso, ya que nuestra beca no está preparada para personas  casadas.  Lo  que  si  pudimos  hacer  y  para

sacrificio nuestro, era mandarle comida cada mes. Como cristianos nos sentíamos felices de lo que estábamos viviendo, porque sabemos_que_entre_nosotros_el_tesoro_nunca_terminará, como nos enseñaron nuestros padres, y descubierto por Chiara junto a sus primeras compañeras: Dios.

Por medio de Dios que nos quiere mucho, nos hemos encontrado con los Focolares de Murcia, el Movimiento que conocemos desde nuestra infancia en Burundi, y que hemos tenido la suerte de seguir viviéndolo, junto a los demás focolares: el Ideal del Movimiento. Al preguntarnos (y siguen preguntándonos) si necesitábamos algo, respondíamos que no. Aunque nos faltaran algunas cosas, por no dejar de lado nuestra costumbre de no contar sobre nuestra situación, sobre todo la situación económica, a cualquier persona. Sin embargo, tuvimos que saltarnos esta costumbre un poquito. Las Familias Nuevas de Aljucer se mostraron muy interesados por nosotros, como verdaderos padres y hermanos.

Así, nos ayudaron a obtener trabajo como estudiantes. Seguimos recibiendo su ayuda de varias maneras. Gracias a esta colaboración, hemos traído a nuestra hija en agosto del año 2008, estando muy contentos de volver a reunirnos toda la familia e intentando vivir como otra familia más.

En Murcia, que está situada a unos 15.000 Km de Burundi, no nos hemos encontrado todavía con ningún paisano nuestro, al menos por la calle, pero no por ello nos sentimos aislados al contar con Familias Nuevas, sobre todo las de Aljucer, que nos acompañan en todo momento. Resumiendo: nos han ayudado y siguen ayudándonos espiritualmente, económicamente, socialmente, moralmente, culturalmente, etc.

“Decirles que nosotros, no tenemos palabras para agradecerles todo lo que están haciendo por nosotros, pero si podemos pedirle todos juntos al Señor que les bendigan”.

Hélène y Blaise

 

 

 

 

(*)

Para aclararlo voy a explicar estos conceptos sobre una colina porque es algo curioso: Los territorios africanos son repartidos desde dos puntos de vista:

Existen ciudades de estilo europeo de origen colonial (punto de vista colonial). Existen también los lugares antiguos no tocados por el sistema colonial, siguen evolucionando a su manera y representan, en casi todos los países subsaharianos el 90 % de la población y del territorio nacional (punto de vista de la realidad y la sociedad africana y burundiana).

Comparo estos lugares antiguos a los pueblos actuales europeos Como Valle del Sol o Bullas en Murcia. Así, los barrios de estos pueblos pueden compararse a las colinas de Burundi.

Por lo tanto está mejor expresado en el texto "los barrios de los pueblos campesinos europeos" en lugar de "barrios de las ciudades". Aun así, es una comparación aproximada porque no se encuentran, ni calles, ni avenidas, ni un coche, ni farolas en las colinas. Desde una ciudad hasta las colinas (asimiladas a los pueblos campesinos de Europa) nos vamos a pie (andando entre 1 a 30 km) en general, si no, una colina es inaccesible.

A mí me gusta mucho andar entre las colinas, visitando a mis amigos y familiares campesinos.

Saludos a todos.